lunes, 4 de mayo de 2009

El Exilio en la obra de Ramón Vignes

Eduardo Márceles Daconte
(Escritor de Aracataca - Colombia)

Si bien dedicó sus mayores esfuerzos a la dramaturgia, al periodismo y la docencia, Ramón Vignes (nacido en Berga, Cataluña, en 1882) tuvo tiempo para escribir una serie de cuentos que reunió en tres libros. A la edad de 27 años, en 1909, publicó en Barcelona su primer volumen de prosas poéticas L´ardenta cavalcada. Más tarde se conoció su volumen de cuentos En la boca de las nubes y en 1984 se lanzó su colección de narraciones breves bajo el título Entre sambas y bananas. Escritos originalmente en catalán, por encargo de la Editorial Norma, fueron traducidos al español por Montserrat Ordóñez, poeta y catedrática catalana radicada en Bogotá, con un sencillo prólogo de Jacques Gilard, reconocido especialista de la obra literaria de García Márquez.
Entre sambas y bananas reúne seis cuentos escritos en diferentes épocas, aunque cinco de ellos fueron escritos en Barranquilla entre 1942 y 1944, el cuento Dietario a saltos había sido publicado en la década del 30 en la revista barcelonesa Mirador. Estos cuentos tienen el común denominador de la amarga vivencia del exilio o la nostalgia del inmigrante por su tierra natal. Una pascua de resurrección en el trópico, el primer cuento del volumen, narra las aventuras de Jordi Homs, un catalán perdido en la selva de Brasil, trabajando como garimpeiro o buscador de diamantes, metido hasta la cintura en las cenagosas aguas de un río, rodeado de penalidades. Vignes aprovecha este escenario para expresar su opinión del trópico: tierra caliente y peligrosa, de ríos caudalosos, sol abrasador, mosquitos, serpientes y hormigas venenosas, tigres y pumas al acecho, vampiros y enfermedades. Sin embargo, es un lugar donde florece el amor entre el catalán Jordi y Emmy, una venezolana huérfana que ha heredado una pequeña fortuna de su padre garimpeiro.
De la selva brasileña emigran a Ecuador y se asientan en Cabuco, un villorrio a orillas del río Amazonas, pero aquí las cosas no son mejores y Jordi fallece después de haberse dedicado a la ganadería con el dinero de su mujer. El cuento narra entonces las peripecias de una celebración de pascua en la cual Emmy se enamora del novio de su sobrina Pola y su sorpresivo matrimonio. Se detiene en la descripción minuciosa de los encantos físicos del indígena que seduce a la viuda. Sin embargo, los conflictos que genera una conspiración engañosa conducen a la separación de la pareja.
En el epílogo, el autor explica que esta historia la escuchó de la protagonista en la Sierra Nevada de Santa Marta donde se radicó después de huir de Cabuco en compañía del negro Choi, el capataz de su potrero, quien le advirtió del peligro que corría por cuenta del indígena. En mi opinión, es este el cuento que mejor resume la narrativa de Vignes en tanto que fluye de manera armónica con un tema caro a sus intereses de recrear la vida exótica del trópico. Manifiesta el asombro ante un paisaje peculiar, diferente a cualquier recuerdo de Europa, deslumbrado por la vitalidad de la naturaleza y los colores de arcoiris que pintan los crepúsculos y amaneceres de la región.
Algunos cuentos están narrados en primera persona, una técnica que de alguna manera remite a elementos autobiográficos entretejidos con la ficción como es el caso de El cuento de una casa de vecindad en el cual narra los incidentes cotidianos del edificio de seis pisos donde vive el narrador con cinco refugiados catalanes. Se deduce que está situado en Barranquilla por cuanto desde los pisos altos se observa la “raya de plata” del río Magdalena el cual “nacido en la cordillera central andina de Colombia, se nos muestra en la parte final del camino, ya a punto de verterse en el Caribe”. Este segundo cuento del libro inaugura su exploración de la vertiente surrealista, de escritura automática, que según Gilard está “muy cercana a la corriente del realismo mágico que, desde los años cuarenta, ha venido triunfando en la literatura hispanoamericana y, teniendo en cuenta las fechas, casi un anticipo de esta corriente”.
En esta casa viven personajes extraños que interactúan de manera absurda. En el primer piso se alojan tres viudas que se entretienen con dos mandriles y un tití. También encontramos a un músico que interpreta en su piano melodías folklóricas del interior del país, un hindú de piel morena y turbante, y un bonzo con voz de mármol donde se comenta que hacen sesiones de “magia científica”. Más arriba se ubica un matrimonio solemne evadido de Hollywood y en el sexto piso habita una Cenicienta y cuatro brujas viejas “más erizadas que las brujas de Macbeth”, según comenta.
En su balcón, la Cenicienta posee dos jaulas con turpiales que se desgañitan con trinos estridentes. Los refugiados catalanes sólo se animan cuando escuchan buenas noticias en la radio, pero son pocas y contradictorias, por tal motivo aceptan que los simios de las viudas les ayuden a matar el tiempo. En un acceso de locura los mandriles torturan y asesinan a los turpiales, pero el mago hindú los revive para beneplácito de todos. El cuento termina con la implicación de que solo el trópico ecuatorial puede generar las condiciones para este tipo de historia fantástica.
El siguiente cuento es aún más enrevesado. Venus calipigia, o Venus de bellas nalgas, narra las vicisitudes de una pareja en Barcelona que riñe por una estatua de esta diosa griega que decora la sala de la casa. Paula, la mujer, se opone por considerarla de mal gusto, pero Miquelet se obstina en mantenerla allí. Aprovechando un viaje del marido, la mujer esconde el yeso en un depósito, pero cuando regresa la estatua ha desaparecido. Brauli, un amigo de la pareja, les advierte que la diosa es vengativa, así un día que van de compras, de manera repentina, Miquelet declara su amor al mancebo que les atiende en una mercería, un impulso que él atribuye a la venganza de la diosa. En este cuento, como en los demás, Vignes manifiesta un amplio conocimiento de la mitología griega y del teatro clásico con nutridas citas a los dioses del Parnaso, así como personajes del teatro de Shakespeare o Eurípides.
A la luz de la narrativa contemporánea, más inclinada a ser escueta y objetivista, la cuentística de Vignes se nos ocurre de un barroco existencial que se engolosina con los detalles recargados de imágenes, a veces herméticas, aunque es necesario destacar la personalidad poética de un lenguaje metafórico que enfatiza una adjetivación original (un sol convaleciente, electrizada hostilidad, versos cataráticos, etc.) y ocurrencias inéditas en la literatura hasta aquel momento. En su cuento Un Lord Northcliffe de tierra caliente relata un debate entre el poeta Aníbal Roldán y el filósofo Moriñigo con Belerofonte Pérez (Northcliffe). Los amigos beben brandy en una taberna y lanzan diatribas sobre diversas instituciones y personajes. En uno de ellos, que tal vez resume la opinión crítica que sostenía Vignes sobre la prensa, dice: “Los rotativos modernos exhiben un absurdo trágicogrotesco. Con el pretexto de que se escriben para agradar a las multitudes, los directores justifican que el rotativo se parezca a un carro de basura”.
Si bien García Márquez lo bautizó como “el sabio catalán” en su novela Cien años de soledad, no es Vignes el hombre serio, solemne y circunspecto que podría pensarse de un “sabio”. Por el contrario, sus cuentos destilan un humor corrosivo, a veces sarcástico, juguetón, que en términos caribeños se podría catalogar dentro del concepto de “mamar gallo”, es decir, encontrar el humor en las cosas más prosaicas o solemnes sin darles mayor trascendencia. En una de las discusiones, por ejemplo, “Blai Laperoni (uno de los contertulios) asegura que él es un poeta dulce, dulce y nada más: un poeta dulcísimo, redulcísimo, tan dulce que tuvo tres prometidas y las tres se volvieron diabéticas”.
Es muy probable que García Márquez haya conocido estos cuentos de su personaje macondiano que garrapateaba sus escritos con tinta violeta, aunque para las fechas que los escribió, el escritor colombiano cursaba el bachillerato primero en Barranquilla (1940-1942) y luego en Zipaquirá (1943-1946), en la región andina. Gabo sólo llegó a vivir a Barranquilla en enero de 1950, cuando se vinculó al diario El Heraldo, así que sólo alcanzó a conocer por poco tiempo a Vignes quien regresó a Barcelona el 15 de abril de ese mismo año dispuesto a revivir sus marchitos laureles teatrales, muriendo dos años después, en 1952. De lo que sí estamos seguros es del estímulo que recibió del sabio catalán cuando su novela La hojarasca fue rechazada por el editor español Guillermo de Torre de la editorial Losada de Argentina con una carta despiadada en la que le sugería olvidarse de la literatura. Entonces Vignes no sólo lo consoló, sino que la revisó párrafo por párrafo, capítulo a capítulo, alabando sus aciertos y corrigiendo sus debilidades.
En el cuento La pesadilla de una calle de Tolosa, el autor nos sumerge en una verdadera experiencia onírica. En sus inicios explica que “viví un tiempo de exilio en un cuarto tenebroso de una vieja calle de Tolosa del Languedoc, calle aún más estrecha, si eso es posible, que la vieja calle barcelonesa de las Doncellas… Era una calle estrecha como la tripa más estrecha; una calle estrechísima. Yo sacaba el brazo por la ventana y casi tocaba la casa de enfrente”. Pues en esa casa de enfrente es donde suceden las cosas más insólitas. De una ventana, que es más bien una rendija, se asoma una bola de pelo, de otra ventana se escapa un suspiro, “como un humo”, con apariencia de mujer, y un día se abre la puerta principal para dejar ver la peluquería para damas de Fifí y César. Es el cuento más fantástico de todos, un recorrido por el subconsciente con sus símbolos de erotismo sublimado y la incógnita de espacios cerrados a la introspección racional. A raíz de esta pesadillesca experiencia, el protagonista decide marcharse a Colombia donde, en un sueño, resuelve el misterio terminando el relato con una frase enigmática: “El paisaje tropical huele a canela”.
La narración más antigua del libro es Dietario a saltos, es la historia de un fakir en circo de feria. También aquí la idea del exilio está presente, no sólo por la implicación de errancia y desarraigo que supone un circo, sino también por la nostalgia evocadora del personaje que recuerda su pueblo rodeado de montañas cubiertas de nieve. A diferencia de los cuentos con argumentos retorcidos, este es un cuento lineal narrado en forma de diario, sin divagaciones retóricas, que alude a una situación personal en tiempos de crisis económica. Es una historia de amor, triste y trágica, que recuerda una pintura del período azul de Picasso. Son los personajes típicos de un circo aunque aderezados de fantasía: la mujer serpiente, la amaestradora de una foca huérfana, la mujer cañón deprimida porque pierde peso y un payaso que confiesa su amor imposible por Elsa, una trapecista quien, a su vez, cuenta su amarga vida al narrador.
Con estos cuentos Vignes se anticipó, aunque visto desde una perspectiva diferente, a la corriente del realismo mágico que sentaría sus bases de manera definitiva a partir de la década del sesenta con Gabriel García Márquez, uno de sus más fieles admiradores y quien lo inmortalizó en su renombrada novela sobre la estirpe de los Buendía. Sólo nos resta desear que, en lugar de tantas obras de teatro que permanecen archivadas en el desván de la historia, Vignes nos hubiera deleitado con más cuentos y alguna novela de su genial e imaginativo repertorio.

2 comentarios:

GustavoH.ArrietaL. dijo...

Cordial saludo desde Santa Marta
descubriendo este espacio tan dinámico al rededor de la literatura.. celebremos al Caribe, sus verso, sus historias.. sus encuentros babélicos entre olas y palmeras..

MEMORABILIA GGM dijo...

Maravillosa investigación la de Eduardo sobre el "Sabio Catalán". Se reproduce en el blog de García Márquez.